5G

La tecnología 5G, la cuarta revolución industrial y la enésima de las patentes.

La multiplicación exponencial de la calidad, cantidad y velocidad de transmisión de datos que permitirá la tecnología móvil 5G supondrá un salto tecnológico inmenso. La comunicación masiva, de forma continua o bajo demanda, de millones de aparatos, aplicaciones y máquinas será el nuevo paradigma tecnológico.

Este cambio transformará la forma de operar de las industrias y servicios tradicionales como el sector salud, el del automóvil con el coche conectado y autónomo, el logístico, los servicios financieros y también sectores digitales en rápido crecimiento como la ciberseguridad, la inteligencia artificial o el Big Data.

La gestión de la propiedad industrial especialmente en el inicio y desarrollo de la Industria Conectada será un enorme reto para el ecosistema normativo, legislativo y judicial en general, y para la industria en particular.

En la primera generación de móviles -2G-, como los fabricantes de móviles Nokia, Ericsson o Motorola también habían participado en la creación de la infraestructura tecnológica y de las patentes esenciales necesarias para implementar esta tecnología, la gestión de la propiedad industrial se resolvió a través de licencias cruzadas entre ellos.

Durante la primera década de este siglo, con la entrada de nuevos actores en la industria del móvil como Google o Apple, que no habían participado en la creación y desarrollo de las primeras generaciones del estándar GSM, 2G, 3G y posteriormente 4G, se produjo una “guerra de patentes” entre estos y los primeros con el fin de acceder a las patentes esenciales asociadas al estándar GSM, necesarias para poder fabricar smartphones.

¿Cuáles serán los grandes retos en el desarrollo de la Industria Conectada y el 5G desde la perspectiva de la propiedad industrial?

En primer lugar, el gran número de titulares de patentes esenciales y la falta de claridad sobre hasta qué punto tienen esta condición.

En segundo lugar, el gran número de nuevos actores que precisarán acceso a estas tecnologías y por tanto, también a las patentes para implementarlas en sus respectivos modelos de negocio. Esta atomización se ha ido mitigando con la creación de plataformas (patent pools) que simplifican los costes de negociación de acceso a las patentes sin embargo, no garantizan una cobertura integral de la tecnología esencial y por tanto, los actores todavía tendrán que cerrar acuerdos bilaterales.

Por último, habrá que definir si la regalía de la licencia de patentes esenciales debe calcularse sobre el producto final o sobre el coste del dispositivo que implementa la tecnología. La Comisión no quiso decantarse, por el momento, y optó por una decisión salomónica. Esperaremos a ver si pronto se anuncia la nueva saga de la guerra de patentes.

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